martes, 5 de enero de 2010

Lejos de casa, lejos de la tiranía de la balanza, cerca de París.












París , como muy bien opinara Heminway, "es una fiesta", por varias y muy distintas razones. No por nada miles de viajeros de todo el mundo la elegimos para dejarnos seducir por esta elegante, estética y orgullosa dama europea. Esta chica se sabe sexy y con su seducción te envuelve y te enamora y entonces, ya no podés dejarla más.

En un segundo encuentro con esta magnífica ciudad me dejé tentar por su gastronomía, olvidándome de la tiranía de la más completa línea comestible "light" que se impone por estas latitudes ante cualquier mujer argentina y porteña que pretenda bailar al compás de los tiempo modernos. Inútil decir que -por mucho producto bajas calorías que me empeñe en traer a mi vida cotidiana-los deleites de la buena mesa, me pierden de cabeza y la silueta.

París se volvió entonces, un gran destino gastronómico para nuestro ilusionado estómago pampeano. Esa ciudad nos fue ofreciendo a cada paso que dábamos, infinita cantidad de lugares en los que comer o tomar algo era toda una experiencia. EL barrio latino, rue Lepic por Montmartre, el mercadito de la rue Clair los domingos por la mañana, la zona de la Madeleine, por nombrar sólo algunos de los destinos que nos hicieron un poco más golosos, mejores comensales e infinitamente más felices.
Animarse, viajeros, que con un presupuesto de trotamundos gourmet " al paso", París es un excelentísimo destino para olvidar la dictadura de la balanza y dejarse vivir por uno de los placeres de esta vida. París gourmet: están todos invitados.

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